¿Cuáles son los “signos de alarma” que deben alertar a padres y educadores sobre un posible trastorno del aprendizaje?

A continuación esbozamos los principales “signos de alarma” generales que permiten sospechar la presencia de un trastorno del aprendizaje, y que deben motivar una consulta con el especialista.

Dificultad persistente en uno o varios aprendizajes (pudiendo afectar al lenguaje en forma global, a la lecto-escritura o a las matemáticas en particular, a la capacidad de concentrarse, centrar la atención y mantenerla; o a la capacidad para autorregular y controlar la conducta. 

El rendimiento escolar no está acorde con la capacidad intelectual del niño. Es decir, existe una discrepancia entre la capacidad del niño y los bajos logros académicos obtenidos.

El rendimiento escolar no está acorde con el esfuerzo que hace el niño. Es decir, existe una discrepancia entre el empeño que el niño pone en los estudios y los resultados que obtiene.

Las dificultades son persistentes, impidiéndole seguir el ritmo de aprendizajes de los niños de su edad, y tienen una repercusión negativa en el progreso del niño durante la escolaridad.

La conducta del niño no está acorde ni encaja con el tipo de educación recibida ni con el ambiente familiar del que procede (impulsividad, impaciencia, problemas de sintonización social, desordenado, desorganizado, alborotador).

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