Las ventajas de una adecuada alimentación en el ámbito de la pediatría son múltiples e innegables. Y no sólo se restringen al ámbito de la salud desde un punto de vista más físico u orgánico, sino que también son extrapolables al desarrollo cognitivo o intelectual del individuo.  

 Esto es así especialmente en las etapas iniciales del desarrollo (período que abarca desde la gestación hasta los primeros 2-3 años de vida), que es la etapa en la que los niños son más vulnerables a los efectos de un déficit nutricional. Cuanto más temprano ocurra la carencia y mayor sea su intensidad, mayor será el riesgo de que el niño se pueda ver afectado más adelante, por ejemplo durante la etapa escolar. 

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